Miércoles, 03/05/2017 Home » Deportes » Fútbol » Fútbol Internacional » Una brujita convirtió los chiflidos en aplausos

Tres años después de recibir al Atlético Mineiro de Ronaldinho en el Atanasio, la afición de Atlético Nacional repitió la ovación a otro crack del balompié mundial.

En sus 64 años de historia, el Atanasio Girardot ha conocido la magia. Esa que los grandes jugadores colombianos y extranjeros han llevado hasta su gramado, para despertar suspiros, aplausos y la admiración de más de 40 mil aficionados que, normalmente, puede soportar el coloso de la 74.

La bruja no llegó en escoba, ni usó un gran sombrero. Se puso una camisa a líneas rojas y blancas suficientes para infundir respeto. Su indumentaria no incluía varita, solo una banda blanca en su pierna derecha de la que brotaba la magia, esa que opacaba las lagunas del estadio.

No llovió, el césped estaba intacto, pero en el escenario había lagunas. De ese verde frondoso que se toma las tribunas del Atanasio cuando Nacional juega libertadores se vio poco, esta vez, las lagunas en las graderías dejaron más espacio para extender la fantasía, para un espectáculo que disfrutaron muchos en el mundo, pero que en la noche del martes vivieron los paisas.

Que el local ganara 4-1 no pasará más allá de un resultado, lo que quedará para la historia, es la presencia de la bruja, esa que infundía respeto en la cancha, a la que le bastaba con un movimiento para crear espacios, la que hacía ver fácil un deporte que no todos pueden jugar bien.

Su magia transformó el ambiente. De los chiflidos de una modera asistencia, se pasó al aplauso, al respeto, a ese que se ganan los grandes y que en el Atanasio ya han reconocido. Ya se lo había merecido Ronaldinho tres años atrás, casualmente también con derrota para su equipo, pero igualmente, con un despliegue de encanto.

Esa hechicería blanca y deslumbradora se cerró a los 65 de juego, cuando la brujita dijo “ya no más”. Con una caminar cansino dio sus pasos finales sobre el gramado, agachó la cabeza y la levantó solo para saludar a su compañero Ascacibar. Lo que no esperaba, era que detrás suyo encontraría una lluvia de aplausos de admiración y respeto, de una afición que premia el talento y reconoce los grandes jugadores, así visitan la casaca del equipo al que están obligados a vencer.

Por David Metaute

Foto: AFP

Liga Deportiva Postobón

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