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Ya nos veíamos en la Plaza Roja de Moscú luciendo aquel emblemático  gorro exhibido por Arnold Schwarzenegger en Danko. ¡Qué euforia! Incluso, mi sobrino y mi hermano gritaron casi al unísono: ¡Y ahora, un gol de Perú!

 

Amado Hernández Gaviria – Periodista Liga Deportiva Postobón

¡Un gol de Perú! ¡Qué deseo tan particular! El jueves, los colombianos estábamos clasificando de forma directa al Mundial de Rusia. Luego de que Falcao García anotara el 1-0 frente a Paraguay, en el minuto 78, todos nos frotábamos las manos. Ya nos veíamos en la Plaza Roja de Moscú luciendo aquel emblemático  gorro exhibido por Arnold Schwarzenegger en Danko. ¡Qué euforia! Incluso, mi sobrino y mi hermano gritaron casi al unísono: ¡Y ahora, un gol de Perú!

¡Sí, un gol de Perú! Pero ¿por qué? Quizás esta exclamación respondía a un sentimiento de  solidaridad. Esa solidaridad congénita que nos lleva a pulsar en favor del más “chico”. Ni Colombia ni Perú son Brasil o Argentina. Ellos son múltiples campeones del mundo. Normalmente van a los mundiales. Y nosotros… a repartirnos las migajas.

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¡Bien! En medio de la abundancia de este jueves, con Colombia en Moscú gracias al 1-0 parcial, la idea de un gol peruano en Buenos Aires nos sobrecogía. Lo de mi sobrino y mi hermano era un clamor colectivo. Es bello ver caer a los “dictadores” de su trono. Un gol de Perú en La Bombonera tendría mucho de ello.

Otro motivo: hermandad. Aquí, nosotros hemos disfrutado de los peruanos. Deportivo Cali tuvo su “Rodillo Negro”: Valeriano López, Guillermo Barbadillo y Máximo Mosquera, 54 goles en 28 jornadas. También pasaron por aquí el “Cholo” Hugo Sotil, César Cueto, Guillermo La Rosa, Julio César Uribe, Jorge Olaechea, José Velásquez, Eduardo Malásquez… ¡Ah! Igual, el “Tigre” Ricardo Gareca. Aún sus rugidos retumban en el Pascual Guerrero.

Jueves. Barranquilla. Minuto 88, gol de Cardozo, 1-1. Minuto 91, gol de Sanabria, 1-2. En 180 segundos los guaraníes cambiaron nuestra ecuación clasificatoria. Tiempo y espacio son relativos, dijo Albert Einstein. Y es verdad. Nada de gorros siberianos. Nada de la Plaza Roja. Nada del 2018. Lo que sigue es Lima, el martes. ¡Qué fratricidio! Tocará mordernos los labios. Por eso nos resulta imposible volver a cantar aquello de: ¡Un gol de Perú!

Abrazo, hermanos.

 

 

Por Amado Hernández Gaviria

Liga Deportiva Postobón.

Liga Deportiva Postobón