Fútbol
12 de agosto 2019 Liga Deportiva

Video: Hasta James Rodríguez se conmovió con Johan Salas

puntos svg
arrows svg arrows svg
Compartir

Su gol en la Copa Teleantioquia y su dedicatoria a su abuela se volvieron pandemia en redes y medios. Pero faltaban testimonios… ¡Prepárense! Es lenguaje para el alma…

Una carta visual, un video, un mensaje de las galaxias, una voz que hace eco desde los peldaños de la gloria… Al niño Johan Salas le están hablando los “dioses” después de que él tocara el cielo con un balón…

También, después de que le estrujara el alma a un país con aquella sobredosis de ternura: “Abuela, muchas saludes, este gol fue por usted. Se acordará de mí que vamos a salir adelante”.

Johan, el niño al que otros niños coléricos le tiraron piedra sin que él se diera cuenta, hoy le llueven manifestaciones de empatía. Sí, este pequeño, al descorchar su alma, le está enseñando al mundo que ser genuino es la expresión más poderosa del ser…

“Hola Johan Salas, espero que estés bien, espero que puedas cumplir tus sueños, que trabajes duro, fuerte, con mucha humildad, mucha disciplina también, que Dios te pueda dar la bendición de triunfar, y le puedas dar muchas alegrías a tu familia, a tu abuelita y a todos los que estén contigo. Un abrazo. Mucha energía positiva siempre”. James Rodríguez.

La historia…

El niño Johan Salas hizo un golazo en la Copa Teleantioquia que hoy tiene a miles de crédulos e incrédulos debatiendo si fue pensado o si fue de suerte. Para unos fue de pura “chepa”. Para otros, tan genuino y mágico como un sueño infantil, como el sueño justamente de quien lo anotó.

Pero, mientras ese debate entre egos de sabiondos y voces de perplejos continúa, el testimonio de Johan parece tener mayor poder que la conquista que lo sacó del anonimato de su pueblo, hundido en los ecos de las promesas incumplidas.

En sus palabras, Johan es niño, es traductor de sentimientos y de anhelos. Es tan genuino como un hombre sabio. Habla como si otra voz al oído –del alma- le dijera qué debe decir. Escoge trazos de su historia que conmueven. Los llorones se diluyen. Y los que están hechos de mármol, los “duros”, respiran hondo. Su relato es un legado. Quizás ningún futbolista profesional hablaría así en un momento semejante.

Tras el partido en el que él emboquilló la pelota por la unión del vertical derecho y el horizontal desde una distancia de 30 o 35 metros, gol con el que su equipo Puerto Triunfo se clasificó a la siguiente ronda de la Copa Teleantioquia mientras Puerto Berrío quedó

eliminado a pesar de ser local, Johan habló hasta cuando las palpitaciones se lo permitieron…

Ojos que comunican transparencia, manos ondulantes que transmiten honestidad. Johan ofreció una cátedra que alcanzó niveles de elocuencia. Más, contemplándose que a su edad, frente a una cámara, un micrófono y ante una tribuna que vocifera y estalla, el temor y la timidez hacen enmudecer o tartamudear a los más prolijos.

Libre de cualquier parafraseo inventado para causar efectos de aceptación -los niños quizás no saben de esas tretas, al menos así lo evidencio él- Johan parecía leer renglón tras renglón de un libro que estaba abierto dentro de él, o que escribía con la fidelidad de un predestinado.

Gratitud, juego sin trampas, amor por la tierra ajena, sentimiento por el público independiente de que no fuera el suyo, anhelo de llevar a su población la alegría recogida en aquella jornada de hazañas templadas en campos de sol y temperaturas que cocinaban…

Tan generoso se manifestaba que hasta se olvidó de la majestuosidad de su conquista, aquel gol fenoménico y, solo a lo último de su primera respuesta, lo mencionó. Y lo declaró no como el golazo que fue, eso quizás le parecía una vanidad que sobraba, si no como el gol de la clasificación para su equipo.

Nada en él sonaba a individualismo o a ese egoísmo que tonifica la voz del ególatra. No. Todo para él se veía en términos de equipo, de grupo, de colectividad, de archipiélago y no de isla… Un esbozo de su personalidad, de cómo él se entrega en cada acto, por todos y para todos. Incluso olvidándose de sí.

Y cuando se le preguntó a quién le dedicaba todo aquello, aquel artista del gol impensado, aquel central que también juega de lateral y que patea como delantero, aquel precoz de la palabra, enmudeció, se dobló y apenas tuvo alientos para lidiar con los sollozos y la falta de respiración…

Hijo de pueblo abandonado por las distancias de las capitales y por la amnesia de los tiempos. Vástago alimentado de la ilusión y la quimera. Yohan, el nieto de Florentina Salas, quizás un indicio de orfandad, estaba allí para hablar también de ella…

Su última expresión de gratitud fue más contundente que cualquier tratado de ética y moral, que cualquier sermón leído en atril de templo, que cualquier retórica sobre esperanza proferida por orador experto…

“Abuela, muchas saludes, este gol fue por usted. Se acordará de mí que vamos a salir adelante”.

Por: Amado Hernández Gaviria

Liga Deportiva Postobón